martes, 23 de octubre de 2007

ANDA… ALÉGRAME EL DÍA

Esta historia comienza como todas mis buenas historias, en una villavesa. Yo estaba sentado, pensando, o, mejor dicho, discurriendo la mejor manera de fingir mi propia muerte y, así, huir de mis acreedores. Entonces, ella se subió a la villavesa. Una chica alta, de definidas curvas, una melena que ondeaba con el aire acondicionado y unos ojos claros como la piel de un hemofílico. En la radio, empezó a sonar esa canción tan especial:

“Nothing is gonna cheinch mai lov for youuuuuuu… llallalalalalala … (bis)”

Ella se movía a cámara lenta. No andaba, sino que se desplazaba por el suelo como el marciano travestido de Mars Attacks. Se sentó a mi lado y su olor se me clavó en el tuétano. Olía a kiwi y a chocolate. Yo estaba en un estado de ensoñamiento, como el que tienes cuando fumas mortadela.

Al cabo del rato, ella habló. Con su voz plateada, le preguntó a una decrépita ancianita: “¿quiere sentarse?”. La abuela, orgullosa ser capaz mantenerse sobre sus maltrechas piernas, rechazó el ofrecimiento: “No, gracias, maja”. Yo le miré a la abuela y, mentalmente, le advertí: “Más le vale”.

Sin embargo, diez minutos después, mi ángel se fue e, inmediatamente, se me sentó una señora al lado. Ésta era muy distinta. No es que tuviera una fisonomía desagradable, pero su cara tenía una expresión de mala uva que haría cambiar de acera a Rambo.

Era una de esas expresiones como la de los caballos. Pero la de los caballos malos, como el de Rasputín, Atila o el del ajedrez. Sus diminutos ojos de cuervo miraban hacia un lado y otro del autobús, como si buscara una víctima para lanzarse a morderle el cuello.

MORALEJA: SONREID, SONREID, SONREID

viernes, 19 de octubre de 2007

Lanzarotadas móviles (2)

SEGUNDA PARTE: DESPEGUE Y ATERRIZAJE

Cogimos el coche y nos fuimos hasta el aeropuerto de Bilbao, donde me di cuenta que, por primera vez en mi vida, todas las cosas que suelo olvidar a la hora de hacer mi maleta están ahí: cargador, liquido de lentillas, lentillas... Pero me falta algo. Las putas sandalias. Y yo no quiero caminar con deportivas por la playa. Tarea pendiente: comprar unas sandalias.
En el aeropuerto facturamos. Mi maleta es la que menos pesa con diferencia y no era porque faltaran las chancletas. Economía de equipaje, dicen. Vamos, que nos sobra la de dios de tiempo y nos vamos a tomar algo a una cafetería.
Tras esperar mil y un años en la puerta de embarque nos metemos en el avión y nos sentamos en nuestro sitio. Nerea quiere ventanilla. Así que le dejamos la ventanilla para que no se ponga tonta. Aser quiere pasillo, así que no me queda otra que ponerme en medio.
¿Qué hacer en un vuelo de 3 horas donde no sirven comida, porque ahora hay que pagarla (3 euros por un kit kat, ¡a tomar por culo!)? Jugar a las cartas. Al comemierda. "jjajajajaja eres com.... eres com..." Al final hasta esas frases tan llenas de significado implicito y verdades trascendentales llegan a cansar. Así que me coloco los cascos y me pongo a escuchar mi recién descargado Grandes Exitos de Pavarotti, descanse en paz. "Una furttiva lagrimaaaaaaaaaaa...".
Llegamos al aeropuerto de Lanzarote, donde el viaje de tres horas hace el efecto de ser sólo dos, por el cambio de hora y esas cosas. Cogemos lo que, en nuestra opinión es el mejor sitio para coger las maletas en la cinta transportadora, la puerta donde teóricamente van a salir las maletas. Pero resulta que la cinta se mueve en la otra dirección y estamos justo al final, con el riesgo añadido de que alguién cuya maleta es identica a la tuya la coja y se la lleve. En fin, la cinta se pone en marcha, van saliendo maletas, la gente las coje y, de repente... la cinta se para.



TERCERA PARTE: LLEGAMOS AL HOTEL

El autobús nos está esperando en la entrada. Voy con mi maleta a colocarla en el maletero del bus y oigo una voz:
- Ni se te ocurra.
Me vuelvo. Es el conductor. Estoy por decirle que se vaya a la mierda, pero Nerea se adelanta para hablar con él. Es por el otro lado del vehículo. Nos subimos y nos ponemos en marcha, donde una tipa empieza a cantar los nombres con los billetes del hotel. Y dicen de repente:
-¡Saya!
Silencio sepulcral.
-¿Está Saya? Tres personas.
Deducimos que somos nosotros. Efectivi guonder. Economía de letras, digo yo. Somos el último apartahotel. Todos paran por delante de nosotros y ya me estoy cansando. Pero llegamos. El Don Paco. Que parece el nombre de una tasca españa cañí, pero es una hotel. En virtud de una opinión compartida entre Aser y yo diré: la recepcionista estaba muy rica, aunque Nerea decía que tenía bigote. Es lo que pasa con la sana envidia. Cogemos nuestra llave y llegamos a nuestro hogar por siete días.

Lanzarotadas móviles

Buscando en el baúl de los recuerdos... o mejor dicho, tras ir descubriendo las infinitas posibilidades de las nuevas tecnologías, entre las que se incluyen el 3G de los móviles, he conseguido descargar los vídeos que grabé con mi móvil en Lanzarote. Pero no queda ahí la cosa, sino que, somera habilidad la mía, cambié el formato (que queda así como que muy hacker) y lo he colgado del youtube. Así que, aunque con un gran retraso, comienza una serie complementaria a las Lanzarotadas. Algo así como las versiones extendidas o los extras del DVD o un making of. Ahí va el primer episodio.

PRIMERA PARTE: LASARTE

Que empieza por LA pero no es Lanzarote, sino que queda más cerca.
Tras salir corriendo de casa 15 minutos antes de lo acordado con Aser para que me vienera a buscar con el taxista, recordé que no tenía crema para el sol. Salí corriendo y me dije: "Tampoco tengo dinero". De forma que saqué dinero en un cajero, fui corriendo a la farmacia, pedí el frasco de cremita y subí a casa. Al momento de cerrar la puerta recibo la llamada perdida de Aser, avisando de que ya estaba en la puerta y que bajara echando hostias.
Nuestro rumbo: Lasarte, para ir al encuentro de la tercera en discordia: Nerea. Que, por otra parte, tenía los billetes de vuelo.

jueves, 18 de octubre de 2007

¿Y tú de quién eres?



¿Hace falta que responda? Pereza es la primero que me viene a la cabeza cuando escucho la insoportable voz del señor González...falta de pasión ganas de sacarle el calcetín de la boca....buah!!!!!! Qué asco!!!
Por supuesto me quedo con Bunbury al que admiro hasta por su mala fama...esta canción del señor González parece algo gracias a la fuerza que pone mi elegido.

Soy consciente de que mi
1 - 0 del marcador durará muy poco y ganará "el pesao" por mucho...que pena.

miércoles, 17 de octubre de 2007

El festival de la democracia


La supuesta cesión del gobierno popular del estado a la "élite" política (digo "supuesta" porque a ver quién es el guapo que les retira la cesión), refrendada en elecciones cada cuatro años, no es el único momento en el que estamos obligados a ir al colegio donde trotabamos en tiempos mozos (aaayyyyy, qué tiempos aquellos), buscar entre un laberinto de pasillos y listas en qué aula te toca depositar el papelillo. Cada cuatro años... generales. Cada cuatro años... autonómicas. Cada cuatro años... municipales. Le cogieron vicio en la transición y ahora no hay quien les pare. Porque además no hay forma de que se centren en colocar todas en el mismo año, de manera que votamos más que un kiwi (el pájaro, no la fruta).
Resulta que cuando por fin cotizas y entras en un entorno laboral, con un sueldo y todo, deshecho de gozo como miembro más de una plantilla, te sumas a unas nuevas elecciones... Las sindicales. Y como en todas las elecciones, no todo queda en poner un papelillo. Sino que, como miembro de una comunidad, te puede tocar la recuenta de votos (a cambio claro de unos bocadillos para resarcir el perder un maldito dia contando votos).
Pues eso. Entro en TVE y ¡zas!, elecciones sindicales. Y no es que me haya tocado por sorteo, sino por cojones. EL MÁS JOVEN: vocal secretario. ¿En qué consiste?
1- Acumular todos los papeles que se vayan imprimiendo al tema (censo, reclamaciones, candidaturas, confirmación de las candidaturas, confirmación de la confirmación de las candidaturas, calendarios, confirmación del calendario...), así como firmar cada papelajo. Ya no sé si muevo la muñeca al aposentar el boli en el papel o se mueve de manera cinética. Empecé con orgullo (en plan 'el que firma'), con una letra cuidada y estilosa, cuidado el trazo final en estética Times New Roman a 12 pixels con cierto retoque de Arial y el informal COMIC. Sin embargo, el hastío de firmar va derivando el trazo hacia una obra más minimalista, difuminandose los acabados y el entorno perfilado, derivando en un deconstructivismo hacia la abstracción (a veces pienso que el surrealismo daliniano), de forma que la firma original no corresponde en absoluta con aquella que firmaras en comienzo ni la que tienes en el DNI.
2- Publicitar en proceso. Básicamente hacer con el WORD anuncios del calendario y las fechas y los candidatos y ponerlos cual maraña en los tablones de anuncios procurando respetar la publicidad sindical (no me vayan a acusar de parcial): ¡vamos!, que al final lo puse con cello en la pared, en vez de con chincheta en el tablón.
Y ahora queda la jornada electoral. De 10 a 18 horas, unas detrás de otras, ¡y sin bocatas! Quién me iba a decir que ser el más jóven tenía consecuencias negativas. Ya sólo me falta que para las generales me nombren delegado. En ese caso me sentiré gafado. Y más... traicionado por la democracia a la que tanto he dado (un par de votos, creo), y por la que tanto he luchado y sufrido (quién no sufre al ver que los politicos de turno aparecen más en televisión que cachuli y la Pantoja y, la mayoría de las veces, diciendo cosas de menor provecho que el "dientes, dientes, que es lo que les jode").

martes, 16 de octubre de 2007

Momentazos del cine

Traispotting, Danny Boyle (1996)



Película de culto de los 90 con la que todos comenzamos de una manera o de otra nuestra adolescencia, del que las drogas formarían parte ya fuera por el Sida, las campañas oficiales de 'Enganchate a la vida' o su consumo posterior.
Basada en la novela 'Trainspotting' de Irving Welsh, la película fue todo un fenómeno de su tiempo, creó escuela con su estética combinada con buena música y generó polémica, mucha polémica. Hasta entonces nunca se había hablado en el cine tan abiertamente de las drogas y mucho menos con el lenguaje de la cultura urbana. Un grupo de personas cínicas y deprimentes, resignados al hecho de que han arruinado sus vidas, están enganchados a la heroína, una droga que odian y aman a la vez y de la que nunca podrán librarse, que son conscientes de que morirán por una sobredosis o por el VIH, consecuencia de los 'chutódromos', odiandose los unos a los otros porque reflejan lo bajo que han caído, pero permaneciendo juntos, porque no tienen a nadie más. Además, "es un amiguete, así que qué le puedes hacer".
Muchos han intentado con mayor o menor éxito está película (incluida entre las 10 mejores de la historia del cine británico). El momentazo inicial es único, una de las mejores presentaciones del cine actual. En menos de dos minutos conocemos a los personajes que nos guiarán por la historia.
Pero hay más momentazos (si no los he metido ha sido por no llenar de pantallas del youtube). Renton y su buceo surrealista por la taza del water buscando unos supositorios de heroina, la sobredosis representada por la alfombra que le arrastra a las profundidades, la genial entrevista de Spud hasta arriba de speed (no hay que hacerlo muy mal porque sino sabrán que no quieres el trabajo y te quitarán el paro, pero tampoco demasiado bien... ¡no te vayan a dar el puto empleo!), los monólogos de Sick Boy (quien próximamente tendrá una película en la secuela 'Porno') alrededor de la figura de Sean Connery y su papel de James Bond, el mono de Renton donde todos su miedo, frustración y culpabilidad surge en forma de alucinaciones... y Begbie (o Frank o Franco o Generalisimo o Pordiosero), el único que no se droga ("Frank no le pega a las drogas, sólo a la gente"), un obseso de la violencia que lo único que busca es una mínima provocación para pegar una paliza a cualquier infeliz rematando la faena con un navajazo. Un personaje al que sus propios amigos tienen miedo, pero qué le puedes hacer.
Genial, señores, genial. Si no la han visto no sé a qué esperan.

lunes, 15 de octubre de 2007

DR. BRONXON: EL ORIGEN DEL MAL




CAPÍTULO 1. EL NACIMIENTO DE BRONXON

AÑO 1967. El señor Marcus Bronson paseaba inquieto por la sala de paternidad de un hospital de Milwaukee (EE.UU). Del quirófano, sale el prestigioso doctor Armstrong. Marcus se acerca al doctor:

- Doctor, doctor, ¿cómo va el parto?
- ¿el parto?… ¡ah, bien, bien!… pero, oiga, mire… es que tenemos en el hospital a Spencer Treisi… ya sabe, la estrella de cine… el que hizo esa película tan graciosa con esa actriz de… bueno, ¡que tengo que irme a atender a Spencer Treisi! Pero, ¡no se preocupe!, dejo a su mujer con mi ayudante, el doctor Peláez.
- Pero, pero… doctor Armstrong…
- ¡¡¡Cálmese, por favor!!! Tenemos a un gran actor en el hospital, ¿usted cree que puedo atender a todos los andrajosos que pasan por aquí? Le he dicho que Peláez se encarga del parto, es un profesional altamente cualificado.

Mientras, en el quirófano, Peláez ojea un libro. Mira a su enfermera y le pregunta:

- Daisy… dime, cariño… ¿en qué consistía una cesárea?

Dos horas después, el dr. Peláez sale al pasillo. Lleva la bata ensangrentada.

- Doctor, ¿cómo ha ido el parto?
- …. Sí, sí, ¡ahora le atiendo, voy al baño y ahora vuelvo!

Sale por una puerta y se oye el motor de un coche que se aleja rápidamente. Al cabo de media hora, vuelve el dr. Armstrong.

- Doctor, ¿cómo ha ido?
- … es un día triste para el cine…
- ¡¡¡¡¿cómo ha ido el parto?!!
- ¡¡ah!!… verá, respecto a su hijo… lo siento mucho, la poca destreza del doctor con los fórceps le ha provocado graves cicatrices en la cara… será un adefesio de por vida… y, respecto a su mujer, podrá hablar con ella… cuando salga del coma.

Veinte minutos después, Marcus vio a su hijo, el pequeño Bronson. El bebé, con su cara deformada, miraba con odio a la enfermera que lo sostenía. (continuará)